Ingenieros


Responsable:

Ing. Félix Ojeda Oropeza

Jefe Nacional de la Fracción de Ingenieros

(0416) 6285829

Twitter: @felixojedao

Enlace a la pagina oficial del Colegio de Ingenieros de Venezuela

 

PALABRAS DEL INGENIERO FÉLIX OJEDA OROPEZA COMO ORADOR DE ORDEN EN LA SESIÓN ESPECIAL DEL CONCEJO MUNICIPAL DEL MUNICIPIO CHACAO, CELEBRADA EL DÍA 10 DE NOVIEMBRE DE 2011,  EN OCASIÓN DE CONMEMORAR LOS 150 AÑOS DE LA CREACIÓN DEL COLEGIO DE INGENIEROS DE VENEZUELA

Las cifras absolutas pueden llegar a ser frías e inexpresivas, es por eso que para evaluar su real significación hace falta referirlas a ciertos patrones. Cuando hablamos de los años transcurridos desde la ocurrencia de cierto evento es necesario enmarcarlo en las circunstancias históricas que rodean o han rodeado el mismo y su significación en el desarrollo de los acontecimientos acaecidos como consecuencia del mismo.

Es por eso que para hablar de los 150 años de la creación del Colegio de Ingenieros de Venezuela, que estamos conmemorando y celebrando, hace falta hacer una membranza del desarrollo de la ingeniería en Venezuela.

En el comienzo, la ingeniería estuvo íntimamente ligada al ejercicio de las armas. En el curso de la Guerra de Independencia y en el siguiente período  republicano se conserva esta relación. Muchos militares, comandantes efectivos de ejércitos, fueron originalmente ingenieros. En sus funciones gozaron durante la colonia de una autonomía casi absoluta, aun frente a los gobernadores y virreyes, y como jefes de obras su autoridad era casi indiscutible y poco menos que omnímoda.

La instalación de la primera república reconoció la enseñanza impartida en la escuela de Matemáticas de Pires y Mires en 1808. Los egresados integraron el Cuerpo de Ingenieros Militares de la República, entre ellos: Antonio José de Sucre, Francisco Avendaño, Manuel Florentino Tirado y otros. La república heredó la tradición colonial, que se manifiesta en la aprensión de que gozaron los miembros del cuerpo. Las obras públicas se pusieron al cuidado de ingenieros titulares, dotados de amplias facultades, aún bajo los gobiernos de caudillos.

En 1831 la Secretaría de Guerra en su Memoria presentada al Congreso aboga por la creación del Cuerpo de Ingenieros de dicha Secretaría aduciendo entre otras razones que el mayor provecho que se sacaría de este cuerpo sería el establecimiento de una Academia Militar, en la que reuniendo a la juventud que se dedica a las armas, podría formarse en ellas hombres de estado y oficiales útiles a la patria.

El 14 de noviembre de 1831 se instala la Academia de Matemáticas por decreto promulgado por el Congreso Constituyente de Venezuela el 13 de octubre de 1830, la misma fue regentada por el Dr. Juan Manuel Cagigal el cual  tenía el grado de Comandante de Ingenieros y por el profesor Rafael Acevedo, Capitán de Ingenieros.

Durante la guerra de Federación el gobierno conservador encabezado por Manuel Felipe Tovar dispuso el  24 de octubre de 1860, de acuerdo con el artículo 45 del Decreto Reglamentario de la Academia de Matemáticas (cito) “Artículo 45: Todos los ingenieros de la República constituirán un cuerpo que se denominará Colegio de Ingenieros  y que el Gobierno toma bajo su protección”  curiosamente ese año, a pesar de estar en medio de la llamada guerra de la Federación, se realizan las primeras elecciones directas y secretas en las que votan todos los venezolanos mayores de 20 años, el decreto en cuestión se puso en práctica al año siguiente, el 28 de octubre, siendo ya presidente de la República José Antonio Páez (1861). Tanto la reunión preparatoria como la instalación, se realizaron en el antiguo Colegio Santa María en Caracas. A la junta preparatoria, efectuada el 27 de octubre de 1861 concurrieron trece ingenieros: los comandantes Juan José Aguerrevere y Lino José Revenga; y los tenientes Leandro Escobar, Agustín Aveledo, José Gregorio Solano, Teófilo Hurtado, Florencio Oviedo, Manuel José Guzmán Bastardo, Santiago Terrera Atienza, Carlos González Bona, Fernando Burguillos, Antonio Jacinto Palacios, y Francisco Acosta.

El 28 de Octubre, se efectuó la instalación con la asistencia de veintidós Ingenieros. Juan José Aguerrevere, el constructor de la carretera de la Guaira, fue el primer director elegido para asumir la jefatura del Colegio; como vicedirectores resultaron electos Lino José Revenga y Felipe Esteves; secretarios, Agustín Aveledo y Francisco de Paula Acosta. Su carácter científico se enfocaba hacia la investigación y contribución al progreso de la nación, pues en este sentido de servicio nacional, era un organismo que promovería el adelanto de la sociedad venezolana en sus más diferentes aspectos. Tenía entre sus objetivos el  velar por la seriedad de los estudios que se realizaban en la Academia de Matemáticas, fomentar las ciencias exactas y naturales en el país, y asesorar al Estado en lo relacionado a la construcción de obras públicas.

El 14 de julio de 1881 el Presidente Guzmán Blanco aprobó un Estatuto por el cual el Colegio de Ingenieros dejó de depender del Ministerio de Guerra y Marina y lo adscribió al Ministerio de Instrucción Pública, pierde el Colegio, a partir de entonces, su condición de Institución Militar.

Desde su fundación hasta finales del siglo XIX, el Colegio desarrolló una vida activa; pero luego entró en un periodo de casi absoluta inercia, apenas interrumpida por esporádicas reuniones a las cuales generalmente concurrían apenas los miembros de la Directiva, sin que se tratara asunto de interés. En abril de 1922, un grupo de ingenieros resolvió hacer una convocatoria para reunir a los profesionales residentes en Caracas, con el objeto de discutir un proyecto de ley de Ejercicio de Ingeniería. Cuarenta y seis ingenieros acudieron a este llamado, reuniéndose el siete de abril en el salón principal de la Cámara de Comercio de Caracas, presididos por Vicente Lecuna. Ahí se acordó designar una comisión que estudiase ese proyecto para remitirlo después al Congreso.

El 15 de abril siguiente los ingenieros Luis Bello Caballero, Eduardo Tamayo y  Andrés Fragenas presentaron un proyecto de estatutos, que fue entregado al ingeniero Eduardo Calcaño para que los presentase  y recomendase al Ministerio de Instrucción. El proyecto en cuestión fue aprobado y publicado en la Gaceta Oficial el día 24 de abril del mismo año. En tal virtud se reinstaló el Colegio de Ingenieros, y en el Decreto Reglamentario de 1922 se ampliaron los objetivos del mismo, los cuales pueden condensarse en los siguientes: servir como guardián del interés público, actuar como asesor del Estado en los asuntos de su competencia, fomentar el progreso de la ciencia y de la técnica, y velar por los intereses generales de las profesiones que agrupa en su seno y en especial por la dignidad y el mejoramiento de sus miembros.

En esta etapa del Colegio de Ingenieros los profesionales que lo constituían eran exclusivamente Ingenieros Civiles, Ingenieros de Minas, Ingenieros Agrónomos y Arquitectos. Los Agrimensores ostentaban la categoría de “Miembros Colaboradores”.

El 15 de julio de 1925 fue sancionada por el Congreso Nacional la Ley de Ejercicio de las Profesiones de Ingeniero, Arquitecto y Agrimensor, siendo esta promulgada el día 23 de los mismos mes y año.

En 1932, se establece la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de los Andes.  En 1940, por acuerdo del Colegio de Ingenieros de Venezuela con la Asociación Venezolana de Albañiles se crea en Caracas la Escuela para Oficiales de Albañilería. En 1944, se crean en la Universidad Central de Venezuela 3 departamentos, cada uno con diversas opciones, que comparten una base de asignaturas iguales en los tres primeros años de la carrera. Conjuntamente, en 1946, se establece en Maracay la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad Central de Venezuela.

El 24 de Noviembre de 1958 la Junta de Gobierno de la República de Venezuela dicta el Decreto 444 por el cual, en uso de las atribuciones que le confería su Acta Constitutiva, en Consejo de Ministros, decreta la “Ley de Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines”, que por disposición del mismo decreto entró en vigencia el primero de enero de 1959, esta ley ha estado vigente hasta la actualidad.

En la segunda mitad del siglo XX, con el advenimiento de la democracia representativa, Venezuela comienza un nuevo proceso político democrático popular, que concibe el desarrollo económico como la mayor suma de bienestar material,  reflejado en el ingreso real por habitante y condicionado por el aumento de la productividad media en el trabajo. Con esta idea como fundamento, se edifica un nuevo modelo de desarrollo que va a tomar en cuenta el elemento social, principalmente la educación, como factor de principal atención. Los dirigentes políticos y los representantes de la comunidad académica entendían el papel clave de la educación superior como formadora de recursos humanos de alto nivel como conciencia crítica del desarrollo nacional.

El Colegio de Ingenieros forma parte fundamental de este proceso, la diversificación de la educación se traduce en el incremento substancial de los miembros y profesiones adscritas a la institución. Para 1941, el Colegio de Ingenieros de Venezuela cuenta con 678 adscritos, en 1952 se registran 1612 afiliados y en 1958 cuenta en su seno con 2726 miembros. Entre 1959 y 1980, los miembros del CIV respondiendo al incremento exponencial de la industrialización, la formación de nuevos Ingenieros y la incorporación de Profesiones afines, suman 27.730 afiliados, divididos en 104 especialidades.

En el siglo XX el Colegio de Ingenieros de Venezuela enfocó sus actividades en el impulso del desarrollo, con el objetivo de superar las metas de mejoramiento cónsonas con el momento.  La ingeniería en Venezuela se ha desarrollado mas allá de compartimientos estancos, siendo vital en todas las actividades de la nación, evidencia de ello son las múltiples especialidades en las que se ha dividido el ejercicio de la profesión. Esto responde a las necesidades provenientes para la transformación del país en los diversos aspectos de la vida moderna. Dirigiendo y avanzando al paso de la ciencia y la tecnología. Cada día profundizando con mayor ahínco su intervención en los planes de formación de los recursos humanos en pro de la independencia científica y tecnológica.

En la actualidad el Colegio de Ingenieros de Venezuela alberga a más de 220.000 profesionales de la ingeniería, arquitectura y profesiones afines distribuidos en 204 especialidades de estas profesiones siendo el gremio profesional más numeroso del país, tomando mayor relevancia su compromiso con el desarrollo y progreso de la Nación.

Desde su fundación hasta el momento han pasado 29 presidentes de la República, sin contar los que, por razones de diversas índoles políticas e históricas, han repetido el cargo, han pasado 56 presidentes del Colegio de Ingenieros y si algo ha permanecido durante estos años ha sido la voluntad inquebrantable de sus agremiados de trabajar por el progreso y el desarrollo de nuestro país.

Si de algo sirve la historia es para revisar las actuaciones con vista al futuro, para afianzar lo positivo y corregir los errores, para seguir el camino con bases solidas y fortalecer los principios y valores, no podemos, como se ha pretendido en algunas oportunidades, modificarla acomodaticiamente con fines aviesos ni para ocultar hechos que, bien sea nos desfavorecen o con los que no estuvimos de acuerdo en su momento, hay que asumir los acontecimientos tal cual se sucedan y en todo caso luchar por modificar en el futuro lo que nos parece que no deba seguir sucediendo, es la única forma de cambiar la historia.

El Colegio de Ingenieros de Venezuela se siente orgulloso de su historia y del papel que le ha tocado desempeñar desde su creación en el devenir histórico del país. Por supuesto que han habido errores, han habido desaciertos, pero la voluntad, ética y mística de sus agremiados ha permitido que estos errores y desaciertos se superen en pro del beneficio del País, la organización y de sus agremiados, que al final, son estos la organización misma.

La ingeniería como disciplina está íntimamente ligada a todos los procesos productivos y de desarrollo, de ello se deriva la importancia de la misma en la vida de cualquier nación. Vialidad, infraestructura, industria, agroindustria, servicios, comunicaciones, redes, tecnología, información, salud, seguridad, salubridad, conservación ambiental, mantenimiento, vivienda y hasta entretenimiento son aspectos de la vida de cualquier ciudad, de cualquier comunidad, de cualquier país que no sería posible llevar a cabo sin la intervención de la ingeniería. Este rol nos llena de orgullo, pero a su vez hace recaer una gran responsabilidad  sobre los hombros de los profesionales de las distintas ramas de la carrera, esta responsabilidad va mas allá del simple hecho de realizar bien un trabajo determinado, si existe la premisa que los errores de los médicos pueden costar una vida, el error de un ingeniero puede costar cientos de vidas. Esta responsabilidad hace que el ejercicio de la profesión deba llevarse a cabo con rigurosidad científica, con ética estricta, con dedicación exclusiva, pero sobre todo con contenido y sensibilidad social. Existe la tendencia dentro de las disciplinas o profesiones llamadas sociales de clasificar la ingeniería dentro de las llamadas ciencias duras o exactas. En lo particular difiero de esta clasificación. Todos los actos de ejercicio profesional que realizan los ingenieros, arquitectos y profesionales afines, por encima del beneficio personal, llevan como destino el bienestar y el mejoramiento de la calidad de vida de los miembros de la sociedad. Qué mayor contenido social puede tener una profesión?

Estas reflexiones acerca de la responsabilidad del ingeniero nos llevan a indagar acerca del perfil profesional del mismo.

El ingeniero per se es un resolutor de problemas, desde el primer día de la universidad nos empiezan a entrenar en la tarea de resolver problemas que generalmente en ese momento no le vemos aplicación práctica, esta inquietud me la hicieron recordar varios de mis alumnos durante mi actividad docente y fue en ese momento en el que, al tener que darles una explicación que no los desanimara en su empeño de ser ingenieros,  lo comprendí cabalmente, consiste en entrenar al individuo en la resolución de cualquier tipo de problemas, en brindarle una metodología adecuada para tal fin, en llevarlo hacia el uso del pensamiento abstracto, hacia la visión espacial de forma tal que se convierta en, más que un procedimiento, una actitud ante la vida. Las fórmulas, enunciados, tablas, ábacos, son herramientas que aún necesarias, no servirían de mucho sin el criterio y la visión del ingeniero que esté entrenado para usarlas de la manera adecuada optimizando los resultados buscados de forma tal que cumpliendo los objetivos, a su vez resulten lo mas económicos y utilitario posible.

Es por esto que en muchas oportunidades nos encontramos colegas ocupando exitosamente posiciones que no obedecen estrictamente al ejercicio de la profesión, sin embargo la ingeniería va mas allá de la instrucción que nos brinda la academia o el título obtenido en ella, como mencione anteriormente es una actitud ante la vida, el ingeniero es un individuo que si busca problemas es para resolverlos, que tiene conciencia de la responsabilidad de sus actos, que actúa profesionalmente en pro del bienestar de la sociedad por encima del beneficio propio y podemos resumir estas características en dos palabras, es un servidor público.

Tenemos entonces un profesional entrenado para solucionar problemas, con una formación académica de primera línea, con sentido de responsabilidad y consecuencia de sus acciones, con razones suficientes para sentirse orgulloso de su formación y de su profesión pero hay un aspecto que en muchos casos no nos inculcan la cual es la humildad que debe caracterizar a todo servidor público.

La formación del ingeniero en el país siempre ha sido de primera, las universidades que dictan la carrera siempre han sido celosas de que el ingeniero que egrese de sus aulas posean el mejor nivel de conocimientos posible, acorde con las exigencias no solo del país sino del mundo, tradicionalmente ha sido así, hoy con el proceso de globalización no puede ser de otra manera, estamos obligados a que los pensa de estudios sean actualizados permanentemente y que estén de acuerdo al desarrollo tecnológico cada vez más acelerado. En este sentido existe una permanente discusión en el núcleo de decanos de facultades de ingeniería en el cual el Colegio de Ingenieros tiene un representante con el objeto de establecer el vínculo de la Academia con la sociedad civil. Con esto se garantiza tener un profesional que saliendo de la universidad actualizado, pueda ejercer cabalmente su profesión en un mundo cada día mas exigente en cuanto a preparación académica se refiere. Sin embargo hace falta la actualización permanente y consciente de eso el Colegio de Ingenieros mantiene un programa permanente de cursos de actualización y mejoramiento profesional a través de la Fundación Instituto de Mejoramiento Profesional, fundación esta que estamos empeñados en convertir en un instituto de altos estudios de la ingeniería que, sin dejar de cubrir la actualización profesional, dicte cursos de cuarto nivel con acreditación para cursos de posgrado universitarios.

La masificación de la enseñanza superior en el país ha traído como consecuencia que el número de ingenieros haya crecido exponencialmente, de aproximadamente 30000 ingenieros, arquitectos y profesionales afines que estaban inscritos hace treinta años, hemos pasado a mas de 220000 en la actualidad, esto nos da una idea de la capacidad de recurso humano calificado que existe en el país. Resulta entonces inconcebible, por decir lo menos, que estemos importando profesionales de países que ni siquiera tienen características parecidas al nuestro, cuyas condiciones geográficas, climáticas, sociales e incluso culturales sean completamente disimiles para realizar obras que perfectamente pueden llevar a cabo nuestros profesionales. Resulta inconcebible que estemos importando modelos foráneos cuando los investigadores locales han desarrollado modelos propios tomando en consideración las variables necesarias para hacerlos viables en nuestro entorno y de acuerdo a las condiciones particulares de nuestra nación. No se está en contra de la transferencia de tecnología, pero resulta que en la mayoría de los casos de proyectos contratados a empresas de otros países el personal profesional también es importado y no hay la contraparte nativa necesaria para que la transferencia se realice. Ya tuvimos experiencias en el pasado, casas de madera construidas en sitios de temperaturas elevadas, hospitales con barredoras de nieve para el Zulia por poner solo dos ejemplos, costará tanto aprender de los errores del pasado?.

Definitivamente es preocupante que se subutilice la potencialidad que en materia de ingeniería arquitectura y profesiones afines existe en el país, pero más preocupante aún es que se pretenda disminuir el nivel de la enseñanza de la misma. Por un lado la presión ejercida a las universidades autónomas, bien sea por la vía presupuestaria o por la del intervencionismo en cuanto a admisión y disminución de la autonomía que se ha pretendido llevar a cabo por distintos caminos. Por otro lado pretendiendo egresar profesionales de la ingeniería de institutos educativos que no cumplen con los requerimientos indispensables para tal fin, tales como pensa de estudio con la suficiente profundidad académica para formar una persona que pueda ejercer la profesión cabalmente, otorgando títulos de ingenieros sin tener ni siquiera la aprobación del Consejo Nacional de Universidades y lo que es peor creando falsas expectativas a los jóvenes que se sentirán frustrados bien sea cuando vayan a inscribir sus títulos en el Colegio de Ingenieros y se les niegue la inscripción por no cumplir con los requisitos legales pertinentes, o bien sea, si se realizan artilugios para darle la legalidad necesaria para inscribirse, cuando el mercado de trabajo y la competencia profesional los haga enfrentar la triste realidad de que fueron burlados en su buena fe.

La Ley de Ejercicio de la Ingeniería, Arquitectura y Profesiones Afines, establece en su Artículo 22 que:  “El Colegio de Ingenieros de Venezuela tendrá como fines principales los siguientes: servir como guardián del interés público y actuar como asesor del Estado con los asuntos de su competencia, fomentar el progreso de la ciencia y la técnica, vigilar el ejercicio profesional y velar por los intereses generales de las profesiones que agrupa en su seno y en especial por la dignidad, los derechos y el mejoramiento de sus miembros.

No podrá desarrollar actividades de carácter político, partidista o religioso, ni asumir actitudes de la índole expresada.”

Este artículo de nuestra Ley de Ejercicio tiene especial importancia y significación, en primer lugar le asigna al Colegio el rol de guardián del interés público, una gran responsabilidad que nos obliga a estar vigilantes del interés más maltratado en los últimos tiempos, además se nos asigna la tarea de asesores del Estado, con letras mayúsculas.

Cumpliendo con esos dos mandatos el Colegio de Ingenieros a través de su historia ha levantado su voz para hacer conocer al país y sus instituciones su opinión con respecto a los hechos que involucren tanto la actividad de las profesiones que acoge en su seno, como de las actividades y acontecimientos nacionales, regionales o locales que ha considerado que afecten la vida, el bienestar y desarrollo del país y sus habitantes. Sin embargo para poder ejercer el rol de asesor es indispensable que el destinatario de la asesoría quiera ser asesorado. Lamentablemente no siempre ha sido así, y más lamentable aun es que por el hecho de hacer oídos sordos a una asesoría, gratuita, calificada y con el mayor espíritu de nacionalismo, se haya tenido que pronunciar la frase, a mi modo de ver, más antipática que tiene nuestro idioma: yo te lo dije. Lamentable no por razones de orgullo sino porque siempre ha traído consecuencias desfavorables al País.

En ese orden nos preocupa profundamente el camino que llevamos o por el cual nos están llevando, un camino definitivamente incierto, un camino que no conocemos que meta tiene o por lo menos la dirección que lleva.

No conocemos un plan de desarrollo del país serio, sustentable y viable en el corto, mediano y largo plazo mas allá de los programas puntuales y espasmódicos que se presentan cuando se detecta un problema grave u ocurre alguna tragedia. Se crean misiones sin que obedezcan a un plan de desarrollo integral de la nación. No se conoce un plan de mantenimiento nacional más allá de las reparaciones cuando colapsan las estructuras. Se decretan planes de vivienda si prever polos de desarrollo donde puedan trabajar los destinatarios de las mismas. No se acometen obras en función del aumento de la población con el consecuente colapso de las existentes por el aumento en la demanda de servicios.

Definitivamente hay razones de sobra para preocuparse, sobre todo cuando no se toman en cuenta las opiniones de las personas u organizaciones con experiencia y experticia en los distintos ámbitos.

Ante este panorama cabria preguntarse: es que entonces no tenemos salida? Es que el país no tiene esperanza?

Mi respuesta ante esas preguntas es de completo optimismo, tenemos recursos naturales invaluables, tenemos condiciones naturales envidiables, tenemos una infraestructura que aunque caduca en su mayoría es un buen punto de arranque, tenemos al pueblo venezolano que ama a su país y no lo cambia por ningún otro y sobre todo, el país cuenta con la voluntad inquebrantable de los ingenieros por conducir a nuestra patria por el camino del desarrollo y del bienestar de todos.

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